Practicando la misericordia y el amor

Deuteronomio 15:11

“Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra.”

Amados, nuestro papel como seguidores del camino del evangelio es ayudar de manera sistemática o, conforme a nuestra posibilidad a nuestros hermanos, con una disposición alegre y voluntaria, para de esta manera honrar las prerrogativas que ha dispuesto el padre cuando nos exhorta a abrir la mano para ayudar al necesitado, conservando el uso de la carta del amor, porque ciertamente habrán personas pasando necesidades, caídos en el abismo de la desesperación, requiriendo una orientación para caminar en victoria, y Dios es tan grande que nos usa como instrumentos para ofrecerles esa palabra de aliento, un estímulo para romper cualquier atadura, ofreciéndoles la buena nueva de salvación.

En este sentido, la práctica de la misericordia se hace oportuna, pues más allá de consistir en colocarse en el lugar del necesitado, constituye una inspiración para contribuir a la liberación de su semejante e incentivo para el cambio positivo.

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