No nos dejemos caer en el abismo

Lucas 16.22-25

 “Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado.”

A muchos cuando el Eterno les hace el llamado a servirle, a caminar dentro de sus mandamientos y estatutos colocan un sin número de excusas, argumentos o razones por las cuales no tienen tiempo o no se sienten preparados para hacer tal cosa.

El pecado es una de las ataduras más fuertes que tiene el hombre y que le impiden correr a los brazos del Padre. Pero es importante reflexionar y entender que nuestro paso por esta vida es momentáneo, que le sigue una vida Eterna y somos nosotros quienes decidiremos si estamos en reposo junto a los escogidos de Dios o estamos en profundo tormento Eterno como el rico.

Hoy es una oportunidad de oro para tomar el camino a la vida, no podemos decir que es difícil seguir a Dios hoy, pues difícil es travesar el abismo que nos separa de ese lugar en el cielo después que partimos del mundo.

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